viernes, 23 de enero de 2015

MÁS RÁPIDO QUE LA JUSTICIA INDÍGENA, ES LA INJUSTICIA APLICADA SOBRE NUESTROS MILITARES


De primera vista, se ven unos números y como tal, a nadie le hacen daño, en sí, la matemática nunca ha hecho mal a nadie, sólo a quienes no les gusta descifrar todo lo que encierra a su alrededor, o les hace daño a quienes en su primario o bachillerato, no les es compatible. Hay a quienes no les gusta, a quienes les ha dado dolor de cabeza en hacer cálculos en cualquier área, sea en el derecho, la química, la física, etc..., quien lo iba a pensar pero hoy en día sí hay un gran perjuicio en esta clase de cálculos para supuestamente castigar las malas acciones del hombre que son consideradas por el legislador como delitos o como faltas.

En un principio también podríamos deducir, que los números y sobre todo las operaciones matemáticas, además de tener estrecha relación con la justicia, no se escapa al entorno de la injusticia, porqué se da ello? Puede obedecer a unos cuantos intereses personales, a intereses económicos, pero lo cierto es el tratar de desarrollar una idea de justicia con la corriente normativa actual.

La desazón en el personal uniformado, radica en que los parámetros de justicia, están viciados y bajo la cobertura de la injusticia. Charles Dickens, (2005) afirma: “No hay nada que se perciba y se sienta con tanta agudeza como la injusticia”, y este es el sentir que hay en el conglomerado de la Fuerza Pública, puesto que se está dejando desprotegido a quien ofrece todo por la seguridad del país, dejando atrás a sus familias, y en muchas ocasiones a entregar la vida por esos nobles ideales.

Los números entretejen algo desagradable en el momento de alcanzar un ideal de justicia en el castigo, es así que por un hecho desafortunado (a quien las Farc así lo denominan) pero no para la legislación colombiana, sino homicidio en persona protegida, homicidio agravado, las cifras desatan el entramado más increíble pero cierto.

La injusticia está en esta parte de la historia, mírese como una persona (militar únicamente), que sin haber incurrido en esta clase de hechos, en donde no se prestó ni siquiera para una división de trabajo, se le ha imputado una coautoría en un homicidio en persona protegida, y en donde en el trascurso de las etapas de la investigación, antes del juicio lógicamente, sus solicitudes de prueba, sus testimonios y demás, no han sido interés en lo más mínimo de la trilogía del poder, donde este militar de por sí se ha dado enterado que su condena es ya un hecho cierto.

Y es aquí donde los números juegan el papel desagradable de la injusticia, porque estos también juegan el papel de la justicia, eso no se debe desconocer. Pero ante unos antecedentes de sordera, cuando de por sí se sabe que hay una condena idéntica como si fuera el autor material, no le queda más al condenado desde el inicio de las etapas de la investigación, aunque técnicamente así no se le denomine, aceptar unos cargos para que inicie un proceso de injusticia para él, pero de justicia para otros, para evitar y huirle a los números del 40 al 45 o de pronto al 46, y esperar a que sean sólo 20, 21, 22 o 23, y ya sabe que por redención de pena, serían unos 10, 11, 12 o 13. Justicia o injusticia? Cada uno puede sacar su deducción, pero lo cierto es que la justicia por esta clase de decisiones, se mancha, se vicia, se autoengaña sobre todo.

Una reflexión que puede quedarse corta, pero que de error no tiene mucho.

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